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sábado, 11 de abril de 2020

No somos monedita de oro



Decía la negra Mercedes Sosa, todo cambia y que yo cambie no es extraño. El problema central para un pedagogo crítico es saber identificar claramente las cambiantes formas de la opresión, que muchas veces se disimulan en nuestras narrativas e imaginarios. Y como somos seres sociales, a veces el compañero o la compañera ve primero aquello que nos parece normal, correcto e incluso ideal, pero en cuya raíz larva la opresión; en muchas oportunidades ello despierta nuestras conservadoras reacciones y hasta actuamos de manera virulenta ante la invitación a modificar recorridos. No es fácil el cambio incesante. Otras veces somos nosotros quienes hallamos el laberinto del fauno en una propuesta didáctica, un modelo de gestión escolar o el performance de un juego escolar. Y en ese caso, mientras unos están dispuestos a escuchar, analizar y discernir para cambiar, los otros responden con la furia propia del instinto de supervivencia. En el cambio se juega la vida. Lo importante es aprender a escuchar, oír, examinar para que lo colectivo deje de ser un refugio para la inmovilidad y se convierta en el soporte de las transformaciones.

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