Estados Unidos es hoy epicentro de la pandemia. Las cosas se han complicado, primeramente, porque por mucho tiempo el gobierno desestimó la magnitud del mal. Así lo denunciaron autoridades médicas como Anthoni Fauci (jefe del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas), el mayor experto en infectología, y hoy bajo amenaza de despido. También Alex Greninger, virólogo de la Universidad de Washington y Ashish K. Jha, director del Instituto de Salud Global de Harvard. Se pretendió minimizar la pandemia porque venía a poner en predicamento el arreglo institucional económico y político vigente, particularmente en su salvaje versión Trump, y a poner en jaque al desmantelado sistema de salud; cerraban los ojos ante una realidad amenazante, en espera, quizá, de un milagro. Muy probablemente, también en sus cálculos estaba que el COVID quedara reducido a un problema local en China y que frenara su economía. Pero las cosas no ocurrieron así.
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